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Curso Fotografia Las Palmas

March 11, 2016
Viva Foto

Hace un par de meses, allá por Julio, Cultura Inquieta volvió a llenar la atmósfera de Getafe, una gran ciudad del sur de Madrid, de energía, de cultura y de espectáculo. Cuando el siglo XIX mejoró las condiciones económicas, políticas y sociales, las fiestas de fantasía se transformaron en todo un suceso, que traspasó los chismes hogareños y llegó a los principales diarios revistas, que publicaban reportajes sobre cómo vestir, daban ideas de lo que se estilaba en Europa. La revista Zig Zag hacía lo mismo, mostrando escenas de bailes en Europa con fotografías de asistentes, para que la gente tuviera ideas de lo que se estaba usando.

Son muchas las fiestas que se realizaron a fines del siglo XIX y los albores del XX, pero fueron muy pocas las que lograron traspasar las barreras del tiempo, para convertirse en un referente que marcó generaciones y deslumbran aun hoy. La acompañaban sus sobrinas María Mercedes y Natalia Rodríguez Velasco; el gordo Manuel y don Manuel Antonio -su marido-, representando al antes citado emperador.

Don Manuel Antonio Tocornal Grez, eminente hombre público, industrial y de personalidad muy reservada, vio como su casa se convertía en un alboroto cuando a su mujer Mercedes Ignacia Tocornal y Velasco, junto a su hermano don Manuel, idearon los planes de una fiesta. Decían de este cuñado que era gordo, rubio, extravagante en el vestir, amante de la cultura francesa y que le tenía un horror a la pobreza”.

Muy asiduo a las grandes celebraciones empujó a su hermana para que convenciera a su marido de organizar en el magnífico palacio que poseían en la Calle Bandera con Agustinas, un elegante baile de fantasía sin precedentes en Santiago. Cómo olvidar por último la espectacular aparición de la famosa Teresita Blanco, la hija del Almirante, esperada por todos en la noche, reconocida por su carismática belleza y un espíritu temerario e independiente que precipitó su muerte pocos años después.

La ruta del tren a Santiago aun no se inauguraba y como para Teresa no había imposibles, fue a hablar con el mismísimo Jefe de Ferrocarriles, el inglés Mr. Lloyd, -Tengo la necesidad de llegar esta misma noche a Santiago, Mr. Lloyd…”. Una hora después salía Teresa con sus baúles de viaje en un carrito tirada por esa máquina exploradora que por primera vez probaba la línea a Santiago. La noche del viernes 7 desde las 19 a las 20 horas, los carruajes se agolparon en la Alameda, para dejar a los numerosos invitados que presenciarian la prosperidad del amable y carismático Mr. Meiggs. Los periodistas Carlos Cerda, Ricardo Cruz Coke, Eduardo Hempel y el argentino Fabio de Petris.

Desafortunadamente, así como el reinado de los nazaríes fue efímero, la vida del orgulloso señor Ossa se esfumó sin antes poder ver terminado su anhelado palacete, quedando como una joya inconclusa en medio del centro de Santiago. La maravillosa arquitectura del palacete y los personajes que componían el circulo social de la familia, merecían un ambiente de ensueño, una escenografía que sólo podía ser complementada con un espectacular baile de fantasía, el que se organizó para el día miércoles 18 de julio de 1877. Al centro del palacio se ubicaba el salón de invierno, decorado con pinturas murales, espejos dorados, colorido artesonado y una cúpula.

Al centro de la sala brotaba agua de una pila de mármol, que esa noche había sido decorada con camelias en flor. Además pasó a la historia como la primera celebración que contó con luz eléctrica, inventada por Edison en 1879. El Palacio Echaurren -y no como se comenta era la casa Eguiguren Valero en la esquina de Dieciocho con Alonso de Ovalle, de construcción posterior- fue la primera residencia particular en contar con este invento y se estrenó la noche del 24 de septiembre de 1885.

Las habitaciones de la familia eran elegantes, compuestas por departamentos, que esa noche se arreglaron especialmente para servir de tocador, donde a petición del señor Echaurren, se encontraba especialmente Monsieur Rostel para arreglar los peinados de las señoritas que necesitaran de un retoque a medianoche. Desde las doce de la noche hasta las 6 de la mañana la música no dejó de invadir todos los rincones del palacete.

En las puertas del palacio se disponía una guardia de honor compuesta por 20 infantes y 10 soldados, que controlaban el ingreso de los carruajes e impedían los infiltrados de la enorme multitud que se agolpaba para mirar. La mayoría pertenecientes al partido liberal, pero también asistentes del partido Conservador y Radical, que dejando de lado la compleja situación política, hicieron un alto a sus diferencias para asistir al baile.

Al fondo, el palacio contaba además con un jardín interior, con cascadas, molinos y plantas exóticas; cuyos senderos habían sido alfombrados para albergar el Buffet francés, y los dos pabellones que tenían el servicio de ponche, y una segunda orquesta. Se preocuparon de convidar a lo más selecto de la sociedad santiaguina, políticos, embajadores, periodistas y artistas. También ministros del gabinete como don Ramón Barros Luco y Alejandro Fierro, el Intendente de Santiago.

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